Mina rara
La noche llega.
Cálida, arrogante, especiada.
Como yo.
Como mis lágrimas que te traen más cerquita
con cada golpe de cortina al amague del viento.
Y la risa me entibió el alma embebida de café
(con un poco de leche y ese veneno de plástico que le pongo yo).
Ni sé por qué me reí,
me parece que fue por algún comentario estúpido
que alguien hizo en la radio, no sé.
Ni me importa acordarme.
Me importa recordar mi propia risa
y nada más.
Eso, y nada más.
Mi narcisismo, hoy hablé de éso con un amigo.
Mi egocentrismo. Me preocupa un poco.
Lo que más me preocupa de mi ego
es que lo construí con mucho esfuerzo.
Y recién ahora le estoy dando revoque,
preparando la primera mano de pintura.
Y me encanta como va quedando.
Cuando me mude ahí,
quisiera que vinieras a vivir conmigo.
Invitarte a vivir en mi ego, que mina rara... dirás.
Se pone muchos vestidos.
Se pinta los labios pero sonríe poco
(sólo cuando las palabras le acarician la mejilla).
Se pinta los ojos pero los lleva apagados.
Mina rara...
Pero mi invitación... te explico-
tiene que ver con que la llave de mi ego la tenés vos.
Tenés el poder de lograr que todo lo que construye mi -endeble- ego
se hace agua en tus manos,
y te la podés beber.
Eso.
Daría todo lo que soy, por volverme agua si un día tenés sed.
Aunque sea un poco.
Aunque tengas una canilla a cinco metros,
y tan sólo te diera pereza levantarte del sillón
e interrumpir tu lectura y el silencio.
Hoy, también, al rato de hablar de mi ego
con éste mismo amigo,
me alabaron mis abrazos y me confiaron admiración.
Pensé de nuevo en vos, no es extraño,
y contesté
que no quiero que me admiren
no merezco ser alabada.
Porque de tu sonrisa y tu cara
nada es mío.
Sólo llevo un reflejo en la mirada.
Cálida, arrogante, especiada.
Como yo.
Como mis lágrimas que te traen más cerquita
con cada golpe de cortina al amague del viento.
Y la risa me entibió el alma embebida de café
(con un poco de leche y ese veneno de plástico que le pongo yo).
Ni sé por qué me reí,
me parece que fue por algún comentario estúpido
que alguien hizo en la radio, no sé.
Ni me importa acordarme.
Me importa recordar mi propia risa
y nada más.
Eso, y nada más.
Mi narcisismo, hoy hablé de éso con un amigo.
Mi egocentrismo. Me preocupa un poco.
Lo que más me preocupa de mi ego
es que lo construí con mucho esfuerzo.
Y recién ahora le estoy dando revoque,
preparando la primera mano de pintura.
Y me encanta como va quedando.
Cuando me mude ahí,
quisiera que vinieras a vivir conmigo.
Invitarte a vivir en mi ego, que mina rara... dirás.
Se pone muchos vestidos.
Se pinta los labios pero sonríe poco
(sólo cuando las palabras le acarician la mejilla).
Se pinta los ojos pero los lleva apagados.
Mina rara...
Pero mi invitación... te explico-
tiene que ver con que la llave de mi ego la tenés vos.
Tenés el poder de lograr que todo lo que construye mi -endeble- ego
se hace agua en tus manos,
y te la podés beber.
Eso.
Daría todo lo que soy, por volverme agua si un día tenés sed.
Aunque sea un poco.
Aunque tengas una canilla a cinco metros,
y tan sólo te diera pereza levantarte del sillón
e interrumpir tu lectura y el silencio.
Hoy, también, al rato de hablar de mi ego
con éste mismo amigo,
me alabaron mis abrazos y me confiaron admiración.
Pensé de nuevo en vos, no es extraño,
y contesté
que no quiero que me admiren
no merezco ser alabada.
Porque de tu sonrisa y tu cara
nada es mío.
Sólo llevo un reflejo en la mirada.

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